Aquel ataque no solamente hirió a un hombre; golpeó profundamente a una familia, a la democracia y a una Colombia que veía en él una voz joven, firme y esperanzadora. El 11 de agosto de 2025, después de una larga lucha por su vida en la Clínica Santa Fe, su corazón dejó de latir.
Miguel fue víctima de una violencia que nunca debió volver a tocar la política colombiana. Unos disparos intentaron silenciar su voz, pero no pudieron borrar sus ideas, sus convicciones ni el recuerdo de quien decidió participar en la vida pública buscando servir a Colombia.
Hoy, un año después, su ausencia todavía duele. Pero también permanece su legado.
Desde #investisan creemos que la verdad, la justicia y la vida deben estar siempre por encima del odio, la violencia y las diferencias políticas. Colombia no puede acostumbrarse a que las armas sean utilizadas para resolver aquello que una democracia debe resolver mediante las palabras, las instituciones y la justicia.
Paz en su tumba y solidaridad permanente con su familia.

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